Mi idioma es...

domingo, 27 de julio de 2014

במובן הצר של

UNO

en brazos y de abrazos no se logra vivir ahora, de cariño y de amor menos, pero de comida ni leche eso nunca!, felicidad máxima, miradas petulantes, miradas carnales apuntando, examinando y hurgando mis cualidades y rasgos, es increíble, al pensar eso me invade un pesar burlón por ella que se encontraba en casi las mismas condiciones, claro que ella en esa ocasión salió ganando ya que al reirme toda la leche que iba tomando abusa de mi ego...esa leche se tomó de todo ese día...


TRES

sentado al borde de la cama de mi madre la esperaba ansioso y deseoso cansado de llorar y esperar ver cómo podría desarrollar mi imaginación, ansioso y sin comas. No la vi llegar, digo esto porque su cartera estaba ahora encima de su cama, en esos años ella era casada y venía del trabajo temprano. Me acerco a su bolso, abro, busco algo, busco y sigo buscando no lo sé, dulces? algo desconocido? algún juguete?... nada, solo un maquina para doblar las pestañas, de rodillas miraba tal cual gato toma posición para cazar a su presa, la abría y cerraba en real concordancia del arte que se refiere a apoyar el talón/centro/frente del pie, esta peculiaridad que no se basa estrictamente a los humanos ya que algunos animales ya la han adoptado, si bien, éste, mi nuevo juguete llevaba consigo un andar ocioso, con manos en sus bolsillos y la mirada gacha...


TRES

cabellos por todas partes y un cielo claro, indefenso, desnudo, necesitado, mucho, quizás demasiado. Sonreía sin un motivo aparente, me siento estúpido y prisionero de mis libertades pero lo único que veo es un  montón de cabellos sobre mi, mi cara y mi cuerpo. Lo tomo sin descuido alguno y lo tiró hacia abajo lo mas que puedo, uff!, no debí haber hecho eso, espera, creo que se a enojado por lo que se ha tomado el pelo con un pinche o algo, ahora puedo verla...


CINCO

menos de un metro de andar, más de doce horas de sueños, menos de la mitad de un plato de comida, un querer que jamás termina ni terminará, unas órdenes y/o finalidad olvidada pero que el medio aún se niega a abandonar.

locura! no existe mejor celo que la locucucucucura y correr! correr, correr, tratar de alcanzar lo que sea con mis manos, con mis rodillas y muy pocas veces con mi boca... llorar, volver, correr de vuelta...

martes, 24 de junio de 2014

El valor de las cosas


Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después...- y haciendo una pausa agregó Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-E...encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien-asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Que importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-58 monedas??!-exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...
El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

anónimo

martes, 3 de junio de 2014

Una tragedia? 1

Aveces durante el día, mas o menos cuando estoy por poner el reloj a la hora
veo "trascendencia futura" en la tele. Mis ojos se calientan con el calor del sol.
Nunca le digas a nadie a donde vas.. iluminate con lo extraño de tus cortinas, hay
de todas formas, esas dicen que se perdieron en un colegio de poetas, donde la 
gente aprende a ser artista. 
Después esa pareja de amigos se pierde y  se embriaga 
bajo un edificio... mientras el busca ayuda su amiga yace en el suelo semi desnuda
y embriagada hasta la médula, silencio, las sombras no caminan ni andan de esas formas
tan propias de mi, mucho dinero para un pobre sujeto pensé; le enterraré algo en 
el cuerpo, tomaré el dinero y la chica. Un castillo en un trono que parecía mas bien
en tono incestuoso, carnicero desamparado.
Luego bajamos aún mas y pedimos asilo a un anciano zorro, una bestia con contraseña
nos abre la puerta, solo la abre pero tuvimos que empujar para poder entrar. Entramos.
Saludamos con una cara seria y sincera, sin esos fetiches ficticios, mal educados estos!
quieren té? quieren queque? quieren pedir algo por favor?
-No, gracias.
Mientras nos hablaba el anciano, sobre las leyes y cumplimientos de su hospedaje pensaba en
lo que había pedido.
Mas tarde, hambrientos de deseos ilícitos y carnales bajamos un poco mas, y vimos que nada de
allí era cierto, la escalera no nos llevaba a ningún lado y mi amiga se asusto muchísimo.
-Mejor vamonos de aquí, este lugar me da mucho miedo. dijo.
Debe ser por su estado de alerta, por sus sentidos mucho mas desarrollados, por el frió,
por la sombra que se proyectaba desde arriba que simulaba ser un sujeto manipulando muy
bien su cuchillo carnicero, no sé.
no lo entiendo y preferí acostarme y volver a dormir un poco. 
Al despertar estaba ella a muchos kilómetros de distancia pidiendo mi ayuda y compañía, 
pidiendo y pidiendo...

domingo, 25 de mayo de 2014

EL RINOCERONTE

Pasaron quizás dos, tres años desde la última vez que lo vi. En ese tiempo, me enteré por ahí de un par de cosas, nada muy relevante: que sigue viviendo donde mismo, que no sé quien lo vio el otro día no sé donde, etcétera. Yo se que todo cambia, el reloj corre y uno también cambia. Con los años envejecemos, es lógico; las canas, las arrugas, todo eso. Me estoy desviando. Hace mucho tiempo que no lo veía en persona.
Iba caminando por la Av. Barroso el otro día y, como siempre, iba apurada porque ya llevaba 15 minutos de retraso para llegar al restorán, mi trabajo. Quise pasar a comprar cigarros pero ni hubo tiempo. Igual lo dudé.  Me detuve en un kiosco, conté unas monedas que saqué del bolsillo, miré el reloj y no, no había tiempo. En el momento en que me giré para continuar mi camino, choqué casi de frente con él, ese personaje que no veía hace tres años, a quien quise más que a nadie, a quien luego odié más que a nadie y quien terminó convirtiéndose en nadie. Creo que me reí con esa risa nerviosa que siempre me da cuando algo me sorprende. No teníamos dónde escapar; estábamos frente a frente, no había escapatoria. Yo me reí y quizás como un tic o un reflejo él empezó a peinarse el pelo de la frente, rascándose, como queriendo esconder algo. Lo saludé “hola ¿cómo estás?” “bien, bien ¿y tú?” “¿cómo te ha ido?” blah blah. No pude dejar de mirar su frente. Se esforzaba tanto por taparla que más me llamaba la atención y trataba de mirarla, disimuladamente, cada vez que podía. Sabía que estaba atrasada pero había algo ahí en su cara. Busqué excusas y temas de conversación para retenerlo un momento más ahí donde estábamos. Tenía que descubrir qué era eso que ocultaba. Estoy segura que él lo noto. Considero que sé disimular pero esta vez, yo misma sentí que mi curiosidad ya era muy evidente. Noté incomodidad en sus ojos, en la manera en que hablaba. Se seguía cubriendo la frente, se tapaba innecesariamente de un sol que apenas encandilaba. Se empezó a despedir “¡qué bueno saber de ti, me alegra que estés bien! Blah bla blah”. No podía dejar que se fuera así, sin saber qué había bajo su mano. No aguanté y con mi misma sonrisa nerviosa le pregunté. Se incomodó, lo sé; lo conocí lo suficiente para reconocer esa tonta cara de fastidio y molestia. “Disculpa, no puedo evitar preguntarte ¿qué te pasó en la frente? ¿Tuviste un accidente? Me miró con cara de vergüenza, mucha vergüenza. Yo, inconscientemente, seguía sonriendo, sin intención de burlarme. Todavía. 
Me demoré horas en unir las piezas del puzle que tenia por resolver. En realidad estaba todo muy claro pero no reaccioné en el momento. Cuando le pregunté por esa herida que apenas se veía entre sus dedos cada vez que se tapaba, hubo un silencio muy extraño. Nos quedamos mirando un par de segundos y casi me arrepentí de haberle preguntado. Yo seguía sonriendo, esperando una respuesta, pero él no reaccionaba. En ese momento, entendí que había sido una pregunta desubicada. Quizás cambié la cara y dejé de sonreír porque él empezó a bajar su mano sin dejar de mirar el suelo, seguramente porque quería deshacerse de mí lo antes posible. Esa mancha roja y morada con cascaritas de piel seca en el borde, que parecía una costra de algún ataque de acné o de un golpe contra algo o qué se yo, que apenas se veía y que ahora estaba expuesta antes mis ojos con la claridad del sol de mediodía, me dejó sin saber qué decir. Si antes de eso hubo un silencio incómodo, el que hubo cuando pude ver esa herida fue indescriptible. No era solo piel muerta, sangre seca ni materia en descomposición, era el hueso de su frente saliendo y rompiendo tejidos como un cuerno de rinoceronte. Tampoco era un gran cuerno, pero era una especie de pequeño cacho a medio camino en su frente, como un volcancito blanco con costras no más largo que su nariz. 
Él siguió mirando el suelo y yo seguía en silencio, mirando impresionada, y un poco asqueada, esa imagen de un hueso podrido en su cara. Levantó la mirada y me encontró boquiabierta, así que disimulé y pestañeé rápido un par de veces, pensando qué decir. No se me ocurrió nada pero él se adelantó y me explicó, con la voz quebrada, que hace casi tres años que cargaba con “eso”. Me contó que un día comenzó como un pequeño grano, nada de otro mundo. Pasaron las semanas y cambió de color, poniéndose más oscuro, como un moretón. Intentó reventarlo pero no era una espinilla, había algo más ahí dentro. Con el paso de los meses creció cada vez más y un día, después de un año, la piel cedió, dejando a la vista el hueso. Usó cremas regeneradoras, le pusieron puntos, pero volvió a pasar lo mismo; la piel no aguantó y nuevamente salió el hueso. “Cosa de tiempo”, pensó, pero pasó un año y el hueso seguía saliéndose. Cada vez que crecía, le rajaba los tejidos y se acumulaba un borde de gruesas costras y materia alrededor del mini cuerno. Terminó por rendirse y ahora vivía con él ahí en su cara. Me dijo que la mayor parte del tiempo usa gorros, que se ha dejado el pelo largo y que ningún tratamiento ha funcionado. Yo lo escuchaba impresionada, tratando de no concentrarme en su frente pero no podía no mirar esa deformación de cráneo en descomposición. Supongo que ese asunto le ha afectado mucho porque le costaba mirarme a los ojos sin que los suyos se le humedecieran. Sentí un poco de lastima (y asco) pero no tenía mucho que decir. Terminó de contarme su historia y volvió a peinarse, tapándose la frente con el pelo. Igual se veía.  Nos despedimos y cada uno siguió su camino.
Debo reconocer que este reencuentro me dejó con una sensación de suciedad y un sabor desagradable en la memoria pero, al mismo tiempo, con una gran alegría en el pecho. Hace ya mucho tiempo que cada mal rato que viví a su lado, cada grito, empujón e insulto estaba bajo tierra, en una tumba abandonada en el pasado y, a esta altura, hasta con malezas encima. Verlo tan acabado, viejo y sin luz me hizo sentir bien por fuera y por dentro. Esos tres años pasaron por su vida dejando evidencias del paso del tiempo, mientras yo me seguía sintiendo mejor que nunca. Después de habernos despedido y durante toda la tarde en el trabajo, no pude sacarme la sonrisa de la cara y sentirme alegre sin saber bien por qué. Esa noche, cuando me acosté y empezaba a tratar de dormirme, cerré los ojos y un silencio invadió mi cabeza. Solo podía escuchar mi respiración. De repente, de un salto, me destapé y en un segundo estaba sentada en la cama, con los ojos abiertos. “No puede ser” fue lo único que pude pensar y repetir no sé cuantas veces mientras me puse de pie y corrí al closet, buscando la vieja caja de metal que conservo desde la muerte de mi abuela, como una reliquia. No estaba en el closet, ni en el mueble, ni bajo la cama; tampoco en el entretecho ni en los muebles de cocina. Necesitaba encontrarla en ese mismo momento, tenía que estar por ahí en algún lugar. Corrí al living y en el último cajón del mueble que sostiene la radio y los libros estaba ella, la vieja caja de metal; entre viejas hojas de papel, cajas más pequeñas, monedas, collares, hilos y lápices. La tuve entre mis manos y no pude abrirla; algo me molestaba en el pecho, como si se encogiera algo dentro de mí, secándose como una manzana podrida en cámara no tan lenta. La apoyé sobre el mueble y la abrí, lentamente, con mucho miedo porque sabía lo que había dentro. Dejé la tapa a un lado y ahí estaba el muñeco, envuelto en un paño de tela negra y, esparciendo olor tierra entre mis manos, lo sostuve en silencio, como si hubiera encontrado un fósil o un tesoro. 
Lo que pasó a continuación me dejó aun más impactada. Quizás hace años que no soltaba una carcajada como la que expulsé fuera de mí cuando desenvolví el muñequito de trapo y lo vi, con sus 60 alfileres aun clavados en el medio de su pequeña frente de algodón y semillas. Pensé que me estaba volviendo loca, no podía parar de reírme. Lo dejé a un lado y me apoye de espaldas contra el mueble, afirmándome de los cajones, riéndome como hace años no lo hacía. Después de toser, calmarme y respirar, pude volver a tomar el muñeco y observarlo bien: estaba dentro de la caja, entre un par de velas negras, hojas de ya no recuerdo qué planta y una antigua foto suya, encerrado hace casi 3 años y en el olvido hace ya mucho tiempo. Lo acerqué a mí y, recorriendo la tela suavemente, llegué hasta los alfileres, todos clavados el uno al lado del otro, formando algo así como una pequeña estaca, bien apretados entre sí. Y en ese momento todo tuvo sentido; ahora existía una explicación para el misterioso cuerno en la frente. Me senté, con la caja sobre las piernas, sin saber qué hacer. Pensé en desarmarlo o quemarlo, enterrarlo, tirarlo al mar; algo tenía que hacer con él. Esos 60 alfileres estaban clavados con algo más que fuerza para clavar alfileres. Podía sentir rabia, pena y venganza a través de sus frías cabecitas de metal. Miré al pasado con un vacío en el pecho y recordé escenas que ya tenía olvidadas en mi cabeza. Pensé en todas las veces que mentía para defenderlo, temiendo una agresión si no lo hacía. Viví con miedo. Y todo eso no fue suficiente para él: al poco tiempo terminó reemplazándome por alguien más joven y con quien seguramente su vida se volvería más interesante. Me sentí perdida, de alguna manera, pero tenía una rabia enorme en el corazón y ese muñeco era producto de aquella época de mi vida. 
Ese ajuste de cuentas sigue ahí, pausado, dentro de la caja de metal, encima del mueble. Cada vez que paso por su lado lo miro como si fuera una lápida en un cementerio o un mueble más, o como si no estuviera. Aun no decido qué hacer con él pero, mientras lo decida, ese muñequito seguirá ahí en la caja y el cuerno seguirá en su frente.
N.H.R

domingo, 4 de mayo de 2014

Cosas de ratas

Los recientes estudios sobre los investigadores de estudios dan a conocer los 
impactantes resultados que para algunos han sido la última pieza de investigación
en el campo de las investigaciones.

Era lo que se escuchaba de fondo mientras hacia el amor con mi nueva pareja, dos
meses, mas o menos, eramos un mar de sudor y pasión, mas de treinta grados y no 
podíamos abrir las ventanas por la ratas que deambulan buscando...comida ya sabes
cosas de ratas.
Diez de la mañana y aún dormía como una zombie, como si no tuviese una cerveza 
que destapar, como si no tuviese ninguna responsabilidad, era lo que ella decía de mi 
"me gustas, porque no eres como yo"... le oí decir anoche que tenia que hacer unos trámites
al parecer "sin gran importancia" y así era, solo un papeleo para su divorcio,
gran cosa, no me llama mucho la atención... y eso es bueno.

Salí, caminé, recordé, deambulé por posibles rutas y preguntas que me llevaron
a algo así como un callejón sin salida al parecer... eso es una gran mentira!
para mi no es nada nuevo esto de cuestionarme cosas y decirlas así como si alguien
mas las pudiese estar oyendo...o leyendo... quien sabe, las cosas de la vida son
ilimitadas y no un callejón sin salida! 
Tengo dos pulgares y muchas neuronas, di media vuelta y dejé que el tiempo hiciera su
trabajo.

De noche

De día

Las mañanas aún son muy tiernas y largas, de piernas largas y firmes me llamaba
todos los días, no importa la hora y el lugar, siempre estaba ahí, quitándome 
de ves en cuando mis pantuflas. Me sentía un poquito molesto por tener que subirle 
a la tele para poder escuchar lo que estaba viendo, creo que no me interesaba
pero quería escucharlo, solo eso. Los huevos quedaban fríos, una taza vacía, un
juego de lozas revendido, una tetera regalada, un sobrante en mi sueldo.

Hace ya mas de tres semanas que me dejó, creo que fue por su bien y me llama cada tres
días dos veces al día por un meses. 

Hoy, es decir ayer, hablé con mi hija de dos años, hablamos sobre sus planes y concordamos
una cita la próxima vez que veamos que sea necesario, mientras con su madre, con 
mi ex mujer, solo nos abrazamos y reímos por un rato.

Todo esto me pasa por no hacer una vida mas interesante y por pensar las cosas dos veces.

miércoles, 30 de abril de 2014

Preludio Informativo

Ese montón de sangre derramada y congelada que ves ahí, ya no es para mi, no, no
señor, ya no.

Hoy es el último día que logro recordar y si mi memoria no me falla, es el 
génesis para mi verano. 

Dioses de todas partes del mundo se dan cita a su lugar especial, se a hablado de
una isla, de un continente desconocido hasta de la mismísima atlántida, pero no, 
esto se celebra en los países bajos, en los bosques de Holanda.

Sexo y orgías durante toda una noche (aveces dos, dependiendo el solsticio del mes)
nada de esto es al azar, como por ejemplo, si un Dios o semi Dios Americano logra
copular con una Diosa Europea se logran cambios a favor de esos continentes, cambios
positivos para ambos, especialmente si es un buen sexo, al contrario, si este a 
sido deplorable un total fracaso!, este traería consecuencias a nivel social, 
natural, político, etc. También existe el caso de la autocomplacencia, buen ejemplo
seria la Alemania nazi; pero es muy raro que esto ocurra ya que la conciencia de 
ellos no es igual a la de nosotros, ellos no buscan sacar provecho a sus actos, 
ademas, al momento de estas reuniones, es muy difícil que uno se vea masturbándose.

Auges a niveles artísticos se explican por la fornicación de Dioses creativos, 
por el contrario, no debemos olvidar que hubo una edad oscura donde no se lograron
grandes y significativos avances.

Ahora, según mi teoría, siglo XXI, esta siendo gobernada por Dioses realmente poderosos,
ciegos de encontrar un verdadero amor pasajero son guiados por ámbitos físicos mas que
románticos.

En fin, me siento alegre por esta noticia y espero que los Dioses de todo el mundo
estén gozando y pasándola bien para nuestro bien.

Gracias