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martes, 24 de junio de 2014

El valor de las cosas


Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
-Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después...- y haciendo una pausa agregó Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
-E...encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien-asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó- toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete ya y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió.
Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo.
Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, monto su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Que importante lo que dijiste, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
-58 monedas??!-exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero- Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... si la venta es urgente...
El Joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

anónimo

martes, 3 de junio de 2014

Una tragedia? 1

Aveces durante el día, mas o menos cuando estoy por poner el reloj a la hora
veo "trascendencia futura" en la tele. Mis ojos se calientan con el calor del sol.
Nunca le digas a nadie a donde vas.. iluminate con lo extraño de tus cortinas, hay
de todas formas, esas dicen que se perdieron en un colegio de poetas, donde la 
gente aprende a ser artista. 
Después esa pareja de amigos se pierde y  se embriaga 
bajo un edificio... mientras el busca ayuda su amiga yace en el suelo semi desnuda
y embriagada hasta la médula, silencio, las sombras no caminan ni andan de esas formas
tan propias de mi, mucho dinero para un pobre sujeto pensé; le enterraré algo en 
el cuerpo, tomaré el dinero y la chica. Un castillo en un trono que parecía mas bien
en tono incestuoso, carnicero desamparado.
Luego bajamos aún mas y pedimos asilo a un anciano zorro, una bestia con contraseña
nos abre la puerta, solo la abre pero tuvimos que empujar para poder entrar. Entramos.
Saludamos con una cara seria y sincera, sin esos fetiches ficticios, mal educados estos!
quieren té? quieren queque? quieren pedir algo por favor?
-No, gracias.
Mientras nos hablaba el anciano, sobre las leyes y cumplimientos de su hospedaje pensaba en
lo que había pedido.
Mas tarde, hambrientos de deseos ilícitos y carnales bajamos un poco mas, y vimos que nada de
allí era cierto, la escalera no nos llevaba a ningún lado y mi amiga se asusto muchísimo.
-Mejor vamonos de aquí, este lugar me da mucho miedo. dijo.
Debe ser por su estado de alerta, por sus sentidos mucho mas desarrollados, por el frió,
por la sombra que se proyectaba desde arriba que simulaba ser un sujeto manipulando muy
bien su cuchillo carnicero, no sé.
no lo entiendo y preferí acostarme y volver a dormir un poco. 
Al despertar estaba ella a muchos kilómetros de distancia pidiendo mi ayuda y compañía, 
pidiendo y pidiendo...